El 16 de septiembre de 1810 un cura de un pequeño pueblo mexicano llamó a las armas a sus feligreses, y en pocas semanas un enorme ejército mal armado marchaba hacia la capital. La rebelión de Miguel Hidalgo dio comienzo a la guerra de independencia de México.
La ruta la sigue desde la conspiración de Querétaro y el Grito de Dolores, pasando por el asalto a la Alhóndiga en Guanajuato, el casi logrado avance sobre Ciudad de México y la derrota en el puente de Calderón, hasta la emboscada en Coahuila y el fusilamiento en Chihuahua. La violencia forma parte de la historia y se nombra sin rodeos.
Un hidalgo manchego, la cabeza llena de libros de caballerías, una llanura llena de molinos: esta ruta sigue a don Quijote desde el pueblo que se considera el suyo hasta la playa de Barcelona, respetando el orden del libro.
Empieza en el pueblo cuyo nombre el narrador se niega a dar, en la venta donde un ventero que lee de su libro de cuentas lo arma caballero y en la sierra de molinos que le hizo trizas la lanza. En la Segunda parte lo sigue hasta el pueblo de Dulcinea, de noche, la cueva donde duerme una hora y cree que han pasado tres días, las lagunas de Ruidera y, por último, Barcelona, donde las tripulaciones de las galeras lo saludan tres veces y un bachiller de su propia aldea lo derriba del caballo.
Qué molinos arremetió y dónde estaba la venta de aquella primera noche son conjeturas: Campo de Criptana y Puerto Lápice son las respuestas habituales.