En julio de 1853, cuatro buques de guerra negros fondearon frente a Uraga y pusieron fin a más de dos siglos de aislamiento japonés. En menos de un año, el comodoro Matthew Perry había entregado la carta de un presidente, firmado un tratado y abierto dos puertos.
La ruta sigue sus dos viajes: de la corte ryukyuense de Shuri a Uraga, Kurihama, el tratado en Yokohama y los templos de Shimoda. Perry visitó también Hakodate en 1854, pero esa parada no se incluye.
La tarde del 2 de octubre de 1872, el puntual e imperturbable Phileas Fogg apuesta con sus compañeros del Reform Club 20 000 libras, la mitad de su fortuna, a que puede dar la vuelta al mundo en ochenta días, y parte esa misma noche con su nuevo criado francés, Picaporte. Pisándole los talones va el inspector Fix, convencido de que Fogg es un ladrón de bancos en fuga. La novela de Julio Verne apareció en 1872, cuando la apertura del canal de Suez y los nuevos ferrocarriles de la India y de América habían hecho casi posible una carrera así contra el horario.
La ruta sigue el viaje hacia el este con las fechas de la propia novela, de Pall Mall de vuelta a Pall Mall.
En 1888, Nellie Bly, la reportera estrella del World de Nueva York de Joseph Pulitzer, propuso convertir en realidad La vuelta al mundo en ochenta días de Julio Verne. El 14 de noviembre de 1889, con dos días de aviso y el menor equipaje posible, zarpó de Hoboken para batir el récord ficticio de Phileas Fogg. Volvió a casa 72 días, 6 horas y 11 minutos después, con un récord mundial —por poco tiempo— y convertida en una celebridad, mientras los lectores del World adivinaban su hora de llegada al segundo.
La ruta sigue su libro de 1890, parada a parada, con las fechas de su propio registro. Fue hacia el este en vapor y en tren, a través del canal de Suez y de los puertos británicos de Asia.