En enero de 1952 Ernesto Guevara, un estudiante de medicina de Buenos Aires de 23 años, y su amigo Alberto Granado, un bioquímico de 29, partieron a cruzar Sudamérica en una vieja Norton 500 de 1939 a la que llamaban La Poderosa. La moto murió en Chile, y siguieron en camión, vapor, balsa, a caballo y a pie: unos 8000 kilómetros en alrededor de nueve meses, que terminaron en un leprosario del Amazonas y en Caracas.
El diario de Guevara sobre el viaje, publicado décadas después como «Diarios de motocicleta», cuenta cómo la pobreza, los mineros explotados y los leprosos con quienes trabajaron lo cambiaron; pocos años después era «el Che», un dirigente de la Revolución cubana. La ruta sigue el viaje a partir de los relatos de ambos hombres, tal como los resumen los historiadores.
En noviembre de 1095, el papa Urbano II, respondiendo a la petición de ayuda de un emperador bizantino contra los turcos selyúcidas, llamó a los cristianos de Occidente a una peregrinación armada a Jerusalén. Respondieron decenas de miles de personas: caballeros, soldados de a pie y peregrinos pobres. Sus ejércitos tomaron caminos distintos hasta Constantinopla y luego marcharon juntos por Anatolia y Siria. Casi cuatro años después de la llamada, asaltaron Jerusalén y masacraron a buena parte de su población.
La ruta sigue a los principales ejércitos en orden, de Clermont a Jerusalén, a partir de las crónicas de los propios participantes, tal como las resumen los historiadores modernos. La violencia contra los judíos de Renania y contra los habitantes de las ciudades del camino forma parte de la historia y se nombra sin rodeos. No hay consejos de viaje para Siria ni para la zona fronteriza con el Líbano.
En el Kabul de la década de 1970, Amir, hijo de un rico comerciante, y Hassan, hijo del sirviente hazara de su padre, crecen casi como hermanos y hacen volar juntos cometas de combate. En el invierno de 1975 Amir gana el torneo de cometas de la ciudad, y le falla a Hassan justo cuando este más lo necesita. La guerra envía a Amir al exilio en California; una llamada desde Peshawar, un cuarto de siglo después, lo devuelve al Kabul de los talibanes para enmendar su falta.
La primera novela de Khaled Hosseini, de 2003, recorre lugares reales de Afganistán, Pakistán y California. Las casas y los callejones de la historia no se identifican, de modo que esos marcadores señalan barrios; la ruta no ofrece consejos de viaje para Afganistán ni para Peshawar.
«La señora Dalloway dijo que ella misma compraría las flores». En una hermosa mañana de mediados de junio, pocos años después de la guerra, Clarissa Dalloway sale de su casa de Westminster para preparar la fiesta de esa noche. Al otro lado de la ciudad, Septimus Warren Smith, un joven veterano destrozado por la guerra, está sentado en Regent's Park con su esposa. Los dos nunca se encuentran, pero al anochecer sus días se han rozado. La novela de Virginia Woolf, de 1925, transcurre en un solo día, medido por las campanadas del Big Ben.
Esta ruta sigue a los personajes por el Londres que recorren, casi todo aún en pie. La casa de los Dalloway, la floristería y los médicos son ficticios.
En el 218 a. C., el general cartaginés Aníbal partió de Hispania para atacar Roma por la única ruta que los romanos nunca esperaron: por tierra, a través de los Pirineos, el Ródano y los Alpes, con decenas de miles de soldados, caballos y 37 elefantes de guerra. Cinco meses después bajó a la llanura del Po con un ejército maltrecho pero invicto, y en pocas semanas ganó sus dos primeras victorias en Italia.
La ruta sigue la marcha tal como la cuenta el historiador griego Polibio, que escribió unos setenta años después y recorrió él mismo el camino alpino. Nadie sabe con certeza por dónde cruzó Aníbal el Ródano ni qué paso usó, así que varias chinchetas están marcadas como especulativas.
En 1990 Christopher McCandless se graduó en la Universidad Emory, entregó sus ahorros a una organización benéfica y desapareció de la vida de su familia. Durante dos años vagó por Estados Unidos bajo el nombre de «Alexander Supertramp»: hacía trabajos ocasionales, vivía en campamentos y bajó en canoa por el río Colorado hasta México. En abril de 1992 hizo autostop hasta Alaska y se internó en la naturaleza con muy poca comida. Murió allí ese verano, a los 24 años. Jon Krakauer contó su historia en el libro «Hacia rutas salvajes» (1996), que Sean Penn llevó al cine en 2007.
La ruta sigue su camino documentado. El Stampede Trail es peligroso, y esta ruta no es una invitación a recorrer de nuevo su último tramo.