En 1989 el dominio comunista en Europa central y oriental se desmoronó en pocos meses: mediante mesas redondas en Polonia, un pícnic en la frontera húngara, marchas con velas en Leipzig, una confusa rueda de prensa en Berlín, estudiantes en Praga y un sangriento levantamiento en Rumanía. Cada país tenía sus propias causas, pero cada grieta facilitaba la siguiente.
La ruta visita los lugares exactos donde ocurrió, casi todos señalados hoy con un monumento, un museo o una placa: la puerta del astillero donde nació Solidaridad, el palacio de la Mesa Redonda, la antigua carretera fronteriza cerca de Sopron, la iglesia de Leipzig, el puente de Bornholmer Straße, una esquina de Praga, el piso de un pastor en Timișoara y el balcón de Bucarest.
Bienvenidos a Occidente lleva a Saeed y Nadia por puertas mágicas desde una ciudad en guerra hasta un campamento de tiendas en Míconos, una mansión vacía en Kensington, Londres, y el condado de Marin, al norte de San Francisco. La novela de Mohsin Hamid de 2017 se salta los peligrosos viajes de los refugiados y se queda solo con las llegadas.
Las puertas son mágicas, pero Hamid dice que el libro es «geográficamente autobiográfico»: cada parada es un lugar en el que ha vivido o que ha amado. La ciudad natal de los protagonistas nunca se nombra, aunque él cuenta que se inspiró en muchos aspectos en Lahore, por lo que ese marcador es especulativo.
Barcelona, 1945. Un librero lleva a su hijo Daniel, de diez años, por un oscuro callejón cercano a las Ramblas hasta el Cementerio de los Libros Olvidados, una biblioteca secreta donde cada niño puede adoptar un libro. Daniel elige una novela de Julián Carax, y descubre que alguien lleva años dedicado a buscar y quemar todos los demás ejemplares.
El best seller de Carlos Ruiz Zafón, de 2001, es una carta de amor a la ciudad vieja, y su misterio recorre calles reales: las Ramblas, el Barrio Gótico, el Born, el Tibidabo y Montjuïc. La biblioteca, la librería, el hospicio y la mansión de los Aldaya son inventados, así que esos marcadores señalan las calles donde Zafón los puso; el café, las plazas y el castillo son reales y se pueden visitar.
En el Kabul de la década de 1970, Amir, hijo de un rico comerciante, y Hassan, hijo del sirviente hazara de su padre, crecen casi como hermanos y hacen volar juntos cometas de combate. En el invierno de 1975 Amir gana el torneo de cometas de la ciudad, y le falla a Hassan justo cuando este más lo necesita. La guerra envía a Amir al exilio en California; una llamada desde Peshawar, un cuarto de siglo después, lo devuelve al Kabul de los talibanes para enmendar su falta.
La primera novela de Khaled Hosseini, de 2003, recorre lugares reales de Afganistán, Pakistán y California. Las casas y los callejones de la historia no se identifican, de modo que esos marcadores señalan barrios; la ruta no ofrece consejos de viaje para Afganistán ni para Peshawar.
En mayo de 1863, un profesor de mineralogía de Hamburgo descifra una nota en runas de hace 300 años: si se baja por el cráter del Snæfell, en Islandia, se llega al centro de la Tierra. En pocos días arrastra hacia el norte a su reacio sobrino Axel en tren, vapor y goleta, contrata a un guía islandés silencioso llamado Hans y se mete en el volcán.
Verne plantea lo imposible con un horario que casi se podría seguir hoy: la estación de Altona, Kiel, Copenhague, Reikiavik, la aldea de Stapi al pie del glaciar. Lo que ocurre bajo tierra es pura ficción, pero la salida es real: tres meses después los viajeros son escupidos por Estrómboli, un volcán insular frente a Sicilia, a más de 3000 km del lugar por donde entraron.
Drácula recorre el paso de Borgo en Transilvania y el puerto, las escaleras y el cementerio de Whitby, y luego Purfleet, a orillas del Támesis, y el zoo de Londres. Un joven abogado inglés se convierte en prisionero del conde; este se envía a Inglaterra en cincuenta cajas de tierra y el grupo de Van Helsing lo persigue de vuelta a sus montañas.
Stoker nunca visitó Transilvania; construyó su geografía a partir de libros y mapas, y la mitad inglesa, con lugares que conocía. La ruta sigue los diarios y las cartas de la novela parada a parada: la posada de Bistritz, el paso de Borgo, el puerto de Varna, en el mar Negro, el puerto, los escalones y el cementerio de Whitby, Purfleet, a orillas del Támesis, el zoo de Londres y la carrera final por el Danubio hasta Galatz.
Peter Jackson rodó las tres películas de «El señor de los anillos» a la vez, en 438 días entre octubre de 1999 y diciembre de 2000, en más de 150 localizaciones de las islas Norte y Sur de Nueva Zelanda. Unas tierras de labranza se convirtieron en la Comarca, un parque regional en Rivendel, una colina solitaria de Canterbury en la capital de Rohan y un volcán del Parque Nacional de Tongariro en el Monte del Destino.
Esta ruta sigue la historia de Frodo a lo largo de ocho de esos lugares, la mayoría fáciles de visitar. Algunos decorados se reconstruyeron para los visitantes; otros se retiraron y el terreno volvió a ser como antes. Las montañas de Tongariro son sagradas para los maoríes de la zona, así que les pedimos que admiren las cumbres desde abajo.
La tarde del 2 de octubre de 1872, el puntual e imperturbable Phileas Fogg apuesta con sus compañeros del Reform Club 20 000 libras, la mitad de su fortuna, a que puede dar la vuelta al mundo en ochenta días, y parte esa misma noche con su nuevo criado francés, Picaporte. Pisándole los talones va el inspector Fix, convencido de que Fogg es un ladrón de bancos en fuga. La novela de Julio Verne apareció en 1872, cuando la apertura del canal de Suez y los nuevos ferrocarriles de la India y de América habían hecho casi posible una carrera así contra el horario.
La ruta sigue el viaje hacia el este con las fechas de la propia novela, de Pall Mall de vuelta a Pall Mall.
Antes del Minotauro estuvo el camino. Teseo creció en Trecén sin conocer a su padre; cuando tuvo edad para levantar una gran piedra y tomar la espada y las sandalias escondidas debajo, partió a buscarlo a Atenas. Lo seguro era ir por mar. Él eligió en cambio la ruta costera alrededor del golfo Sarónico, plagada de bandidos, y se ocupó de cada uno del mismo modo en que ellos trataban a los viajeros.
La ruta sigue los seis trabajos de ese viaje tal como los cuenta Plutarco en su Vida de Teseo, escrita hacia el año 100 d. C. a partir de relatos mucho más antiguos. Los lugares son reales; los gigantes y los bandoleros pertenecen al mito, y varios emplazamientos son conjeturas tradicionales.
Tras diez años en Troya, Odiseo pone rumbo a su isla natal, Ítaca, y tarda otros diez en llegar: desviado de su ruta, se topa con un cíclope devorador de hombres, con una bruja que convierte a su tripulación en cerdos, con las sirenas, con Escila y Caribdis y con una ninfa que no quiere dejarlo marchar, y por el camino pierde todas sus naves y a todos sus compañeros. «La Odisea» de Homero, compuesta hacia finales del siglo VIII a. C., se ha leído como un mapa desde que se lee.
Ya en la Antigüedad se vincularon los lugares del poema con costas reales, sobre todo en torno a Sicilia y el sur de Italia. Esas identificaciones son tradiciones, no hechos, y el geógrafo antiguo Eratóstenes dudaba de todas ellas, así que la mayoría de los marcadores se señalan aquí como especulativos.
Entre 1947 y 1950, Sal Paradise, un joven escritor de Nueva Jersey, cruza Estados Unidos una y otra vez (haciendo autostop, en autobús y en coches prestados), casi siempre persiguiendo a su salvaje y magnético amigo Dean Moriarty. Jack Kerouac mecanografió la historia en un rollo continuo de papel en tres semanas de abril de 1951, y se publicó en 1957. Sal es Kerouac, Dean es Neal Cassady y la mayoría de los viajes ocurrieron de verdad.
La ruta recoge los lugares que nombra la novela, desde un falso comienzo bajo la lluvia junto al Hudson hasta Ciudad de México y de vuelta a una esquina de Nueva York. La novela da pueblos y calles en lugar de direcciones, así que la mayoría de los marcadores señalan zonas, no puertas.